
Colombia tiene un talento admirable: puede ignorar un incendio si le ponen al lado un chisme con buen rating. Esta semana medio país se volvió perito forense de un video de 54 segundos que ningún juez ha valorado, con más lupa que un notario con la cédula de un extraño.
Mientras tanto, en la Casa de Nariño, sin trending topic ni cámara lenta, el presidente De la Espriella firmaba la Ley 2640. Y el Congreso, ese señor tan ocupado, se la aprobó con una puntualidad que ya quisiéramos en las citas médicas.
¿Qué dice la ley mientras usted busca el minuto 0:37? Rebaja de hasta 50 % de la pena para los de base y hasta 30 % para los cabecillas, aunque a esos les toca pagar mínimo diez años efectivos, o sea, un tiquete con descuento. Libertad condicional a las cuatro quintas partes. Suspensión de la ejecución de la pena durante los primeros 180 días. Un día de rebaja por cada día de desminado o erradicación manual, como si la cárcel fuera un plan de millas. Y hay beneficios hasta para colaboradores financieros de lavado y testaferrato, que es lo más parecido a un combo con gaseosa.
Todo con vigencia de cuatro años. Rebajas por tiempo limitado: apúrese, que se acaban.
Lo gracioso es la coherencia. Un congresista celebró que “se acabó la lógica de premiar al que delinque”, y lo dijo justo antes de votar el descuento. Un gobierno que ganó prometiendo mano dura termina entregando mano de seda con manicure incluida. Y la Paz Total, que tanto criticaron por blanda, ahora tiene hermana menor, más tímida pero de la misma familia.
Que quede claro: no digo que el video no importe. Si es auténtico, la justicia lo dirá, y por eso existen los expedientes. Pero el escándalo de cama se consume en tres días; las rebajas de pena a quienes secuestraron, reclutaron y mataron las vamos a pagar durante años, en los territorios que nunca salen en su feed.
Los defensores de la ley responden que no hay estatus político, ni cárceles especiales, que se exige entregar armas, bienes y secuestrados, y que quedan excluidos los condenados por reclutar menores. Es un argumento serio, y habrá que ver si se cumple en la práctica. Yo apenas pido que el Congreso reciba la misma vigilancia que le damos a una pareja famosa.
Porque si usted gasta toda la indignación en el video, el Congreso podrá seguir haciendo lo suyo sin que nadie lo mire. Y le aseguro que a esa película sí le conviene prestar atención.